Con la Constituyente fraudulenta se fortalece el bonapartismo chavista

El gobierno de Maduro logró superar la oposición de la MUD y concretó las elecciones para Asamblea Constituyente.

Es la respuesta bonapartista (1) -es decir dictatorial- disfrazada de democrática con la que el chavismo pretende sobrevivir a su declinación política en el seno de la clase trabajadora y las masas pobres. El chavismo ha pretendido vivir de la “redistribución” de la renta petrolera. Esto le fue posible mientras el petróleo (como los precios de las demás comoditties) estaba alto, llegando a los U$D 150. Pero cuando el precio se fue cayendo hasta oscilar debajo de los 50, y se pretende mantener el pago a la deuda externa, los ganancias de la gran burguesía, los subsidios de la “boliburguesía” y las prebendas del aparato político-burocrático-militar sobre el que se apoya el gobierno, entonces ya no hay para comprar los productos importados más elementales para la subsistencia, desde medicamentos y alimentos, que el país no produce por falta de una estrategia de industrialización, y que lo poco que se produce encima se acapara para especular con sus precios.

Como explican lo compañeros venezolanos del El Topo Obrero:

“La economía nacional sigue sufriendo los efectos de la crisis capitalista internacional, que derrumbó los precios petroleros y con ello los ingresos con los cuales se construyó la imagen de los gobiernos bolivarianos. De acuerdo a la mayoría de los pronósticos lo que resta del año 2017 y el venidero 2018 la caída se va a seguir profundizando, aderezado con las políticas capitalistas que aplica el gobierno de Maduro, el cual desde hace unos años se  ha venido quitando el ropaje nacionalista, con el cual se había investido para poder montarse sobre las masas que insurgieron el 27f (2)…

El descontento de las masas explotadas y oprimidas crece día a día y en esa misma medida el gobierno asume mayores medidas autoritarias contra estas para evitar el desbordamiento de la institucionalidad burguesa, descontento que se vio claramente reflejado en los resultados de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015 y en las movilizaciones del 1º de septiembre de 2016, cuando por primera vez la oposición burguesa al gobierno fue capaz de convocar un mayor número de marchantes que el chavismo.”

 

Desde que la oposición nucleada en la MUD ganó las elecciones para la Asamblea Nacional en diciembre de 2015, la lucha entre ambos sectores políticos representantes de la burguesía se fue radicalizando. La MUD movilizó importantes sectores de clase media. Pero nunca logró atraer a esas movilizaciones a la clase obrera y a las masas de los barrios pobres que –con razón e instinto de clase- miran con gran desconfianza las maniobras políticas de los “escuálidos” (3).

Con el fracaso de las negociaciones auspiciadas por la UE y el Vaticano, la MUD lanzó una campaña para juntar firmas pidiendo un referéndum revocatorio del mandato de Maduro que vence el año próximo. La campaña reunió mucho mas de la cantidad de firmas necesarias, pero el Tribunal Supremo de Justicia, que está alineado con el chavismo, primero puso trabas burocráticas y luego directamente denegó la realización del revocatorio, al sentenciar la legalidad de la convocatoria a la Constituyente hecha por el gobierno de Maduro. ‘La oposición quiere elecciones, bueno vamos a votar pero lo que nosotros queremos, no lo que quiere la oposición’. Esa es, más o menos, la idea sobre la que se movió la política del chavismo.

La MUD pretendió movilizar a sus bases de clase media, realizó “trancazos”, y hasta convocó a un paro general. Pero la participación en las movilizaciones fue decayendo, así como la cantidad de “guarimberos” (4), y el paro general fue en realidad un lock-out patronal. También convocó a un referéndum “consultivo”, no oficial, para demostrar la oposición “popular” a la Constituyente, pero no alcanzó la participación esperada, ya que a pesar de que se dijo que votaron 7, 2 millones, la realidad indica que no llegaron a 2 millones de votantes.

A medida que se aproximaba la fecha de las elecciones a Constituyente la tensión política y social fue en aumento. Los gobiernos imperialistas de EE-UU y la Unión Europea, los gobiernos de centro y centroderecha proimperialistas de América Latina, ejercieron presión política, llamando al gobierno chavista a no realizar las elecciones, amenazando incluso con aplicar sanciones contra Venezuela. La iglesia venezolana y varias cámaras patronales publicaron solicitadas o emitieron declaraciones  en las que se unieron a los llamados de la MUD a las Fuerzas Armadas a que intervengan para restablecer el orden e imponer un gobierno de “unidad nacional” de transición.

La posibilidad de un golpe de estado impuesto por una parte de las FFAA que hoy sostienen al régimen flotó con fuerza en el aire durante varios días, pero no se concretó. Si bien, como es sabido, hubo algunos oficiales descontentos que fueron encarcelados por Vladimir Padrino, e incluso algunos que desertaron refugiándose en Colombia; y hubo un cambio en los cuadros de la alta oficialidad, la situación interna de las FFA pudo ser controlada por Maduro-Cabello (5).

Con los apoyos muy importantes de la burguesía y el imperialismo, la MUD se lanzó a impulsar el boicot a las elecciones, convocando a un paro general de 48 hs y a movilizaciones masivas, acciones caratuladas como la “Hora Cero”. Pero el hecho constatando con el paso de los días, de que la oficialidad de las FFAA mantenía su unidad y su apoyo al régimen chavista, fue desmoralizando las bases mismas de las movilizaciones convocadas por la MUD, cuya participación siguió en decadencia, y finalmente se desinfló siendo impotente para impedir la realización de las elecciones programadas por el gobierno.

Es decir, la situación fluctuó entre el golpe de la MUD y el autogolpe del gobierno vestido de Constituyente, y finalmente se impuso este último.

Aunque es difícil determinar la cantidad de personas que participaron de la votación (probablemente menos de 3 millones), mintiendo que hubieron más de 8 millones de votantes, como antes la MUD mintió los suyos en el referéndum consultivo, lo concreto es que el gobierno “contra viento y marea” pudo realizar la elección, y aunque sobre una base absolutamente inconstitucional, es decir violando las propias leyes burguesas de la Constitución de 1999 realizada bajo el gobierno de Chávez y que ellos mismos juraron respetar, logró instalar la Constituyente. Evidentemente el bonapartismo del gobierno se ha fortalecido, la Asamblea Constituyente se instalará en el Palacio Legislativo, el edificio en el que funciona la Asamblea Nacional (dominada por la opositora MUD) y de hecho la suprimirá, adquiriendo poderes absolutos (o “plenipotenciarios” como  dijo Maduro), y modificará la fecha de convocatoria a elecciones presidenciales, prolongando el mandato del actual gobierno, ya que para eso y no para otra cosa fue convocada.

De todas maneras la perspectiva de la situación todavía es incierta. Habrá que ver si el imperialismo cumple la amenaza de imponer sanciones económicas importantes. Pero hasta ahora sólo se concretaron sanciones “de opereta” a las finanzas de Maduro, pero nada se ha dicho de las importaciones de petróleo como al principio había amagado Trump.

Por otra parte habrá que ver cuál es la evolución de la situación económica interna, aunque todo indica que la crisis seguirá profundizándose. Habrá que ver si el gobierno chavista profundiza su política de concesiones al imperialismo para “calmar a la fiera”. Lo que es seguro es que los trabajadores y el pueblo serán los que van a pagar con su mayor sufrimiento y con el remate de las riquezas naturales.

Y habrá que ver si la clase obrera logra salir de su actual parálisis y comienza a organizarse políticamente apuntando a la única salida posible en pos de sus intereses y sus necesidades vitales, encabezando la lucha del pueblo pobre hacia el derrocamiento del régimen actual y la implantación de un gobierno de trabajadores que lleve a Venezuela al verdadero socialismo, el de Marx y Engels, de Lenin y Trotsky, y no a la farsa chavista del “socialismo” del siglo XXI. En esa dirección tiene que orientarse la actividad estratégica de la vanguardia de la clase obrera, organizándose en un Partido de Trabajadores revolucionario.

Antonio Bórmida 1/8/17

Notas:

(1)    Bonapartista, en este caso, significa que el de Maduro es un régimen que se apoya fundamentalmente en el aparato de las FFAA. Si bien al principio el régimen chavista podía ser caracterizado como un bonapartismo sui-géneris, es decir un régimen que se apoyaba principalmente en las FFAA y en las masas de los barrios pobres, contando también con el apoyo de la clase trabajadora, actualmente se basa en las FFAA y en los aparatos burocráticos de control barrial sostenidos por el Estado, para someter y disciplinar a la clase obrera y las poblaciones de los barrios pobres, de la mayoría de las cuales ha perdido totalmente el apoyo.

(2)    27 f se refiere al “caracazo”, una gran semiinsurrección obrera y popular que comenzó el 27 de febrero de 1989 en la ciudad de Caracas contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, y que dejó como saldo varios centenares de muertos y una crisis del régimen que dio lugar al ascenso del chavismo al poder una década después.

(3)    Escuálidos se los llama a los pequeñoburgueses, a la clase media acomodada, en Venezuela.

(4)    Guartimberos se llaman a los elementos que actúan en las guarimbas (especie de piquetes que cortan calles y avenidas), pero que al revés de los piqueteros que conocemos en Argentina, los guarimberos son reaccionarios de derecha y/o “malandros” –es decir lúmpenes- pagados por la derecha, es decir son elementos protofascistas.

(5)    Maduro-Cabello es la dupla fuerte que encabeza el régimen chavista. Maduro representa al PSUV y al movimiento político, al chavismo. Diosdado Cabello representa el ala militar.

It's only fair to share...Share on Facebook0Share on Google+0Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn0