Declaración sobre la constitución de un Comité de Enlace CSR-ETO/PCO y la necesidad de construir una nueva Internacional Obrera Revolucionaria

La crisis del capitalismo imperialista

Estamos transitando el séptimo año de la crisis mundial del capitalismo imperialista, la más profunda y extendida desde la crisis de los años ’30, y como aquella, esta crisis indicó que la sobreacumulación capitalista ha llegado a un nuevo límite. La burguesía imperialista intenta superar este límite aumentando la explotación de la clase trabajadora y la expoliación de los países coloniales, semicoloniales y dependientes. Para salvar a los grandes bancos y consorcios, los gobiernos capitalistas aumentan el endeudamiento estatal, arrojan a millones de trabajadores a la desocupación, rebajan los salarios, recortan los presupuestos estatales destinados a la salud y la educación e intentan liquidar todas las conquistas sociales.

Los EEUU descargan parcialmente su crisis en el resto del mundo con una continua devaluación de la moneda, mientras que el imperialismo europeo, con Alemania a la cabeza, aumenta la presión  sobre los países de Europa del este y los más débiles del oeste. Y aún así la crisis en los principales centros del capitalismo imperialista no sólo no encuentra salida, sino que tiende a profundizarse y extenderse al abarcar también a los llamados “emergentes” BRICS. Por su parte Japón, a pesar de haber penetrado con sus capitales en China, no consigue salir del estancamiento que con pocas oscilaciones arrastra desde la década del 90.

Fue la crisis en el centro imperialista estadounidense de principios de este siglo (2000-02) la que impulsó a EE-UU y sus aliados a ocupar Afganistán con la excusa de los atentados a las Torres Gemelas y luego a invadir Irak con el engaño de las armas de destrucción masiva. Como consecuencia de la resistencia al invasor, en el marco de un descontento creciente en los propios países de las potencias agresoras, las tropas imperialistas tuvieron que retirarse totalmente de Irak y parcialmente de Afganistán.

Una segunda ola de intervención militar imperialista se produce para contener y controlar el ascenso de las revoluciones de los pueblos árabes en Libia, y más veladamente a través de terceros países en Siria, mientras se impulsaba el golpe del Ejército en Egipto.

Pero en períodos de crisis la política imperialista es como una cobija corta. Ahora EE-UU ha tenido que volver a bombardear Irak, para detener el avance de la milicia del Estado Islámico, e intervenir directamente en Siria, lo cual pone en cuestión los preacuerdos alcanzados con Irán sobre su desarrollo nuclear y con ello puede agravar la inestabilidad que ya existe en toda la región.

Es que la persistencia de la crisis y el ascenso de las masas que, controlado por sus direcciones burguesas, se expresa en el Medio Oriente (Siria, Irak, Palestina), en Ucrania y en varios países de Africa agudiza los conflictos por el control de esas áreas del mundo decisivas por su riqueza en recursos energéticos o por su ubicación geoestratégica, llevándolas al plano del enfrentamiento militar, y agrava las tensiones en el sudeste asiático, en donde EE-UU trata de contener la influencia de China en ese espacio vital para la economía imperialista.

De esta manera se pone de manifiesto la actualidad y la plena vigencia de los análisis y caracterizaciones de Lenin sobre la época imperialista como una época de crisis, guerras y revoluciones.

Impulsos revolucionarios de las masas, resistencia obrera y contraofensivas imperialistas

El aumento de la desocupación y la miseria, en el marco de la opresión de dictaduras decenales, provocaron en varios países del mundo árabe un alzamiento revolucionario de las masas populares, que derrocaron a los gobiernos proimperialistas de Túnez, Egipto y Libia, que por la traición de las direcciones de la clase obrera y la inexistencia de partidos revolucionarios, no pudieron avanzar hacia la revolución socialista. Siendo contenidos en el marco de una democracia burguesa extremadamente retaceada en Túnez, mientras que en Egipto, la disputa por el poder entre el partido burgués islámico de la Hermandad Musulmana y el Ejército, terminó en un golpe de estado que provocó un retroceso reaccionario.

Luego del derrocamiento revolucionario del régimen de Kadafi en Libia, la revolución estalló en Siria, en donde tras dos años de combate se desangra, mientras EE-UU negocia con Rusia e Irán el reemplazo del régimen de Al Assad y el reparto de influencias en todo Medio Oriente. Esta lucha ha sido tergiversada, así como lo fue la de Libia, al señalarlas como acciones provocadas por el imperialismo para derrocar gobiernos antiimperialistas y progresistas, cuando el de Kadafi era y es el de Assad, terribles dictaduras al servicio de los capitales imperialistas europeos. Ambos hacía años que habían abandonado todo rasgo nacionalista que alguna vez tuvieron. El aislamiento de la lucha del pueblo sirio del conjunto de la clase obrera mundial le ha impuesto un terrible sufrimiento con más de 190 mil muertos y millones de refugiados. Sin embargo, en Siria continua una dura lucha entre las fuerzas militares del régimen de Al Assad y las milicias que surgieron durante los alzamientos populares del 2011-12, a la par que se desarrolla una guerra civil entre estas milicias y el Estado Islámico. En Libia la burguesía proimperialista no ha podido desarmar las milicias surgidas durante la lucha contra Kadafi y por ello mismo no han logrado estabilizar un nuevo régimen político, en el marco del agravamiento en los últimos meses de los enfrentamientos entre las milicias que se disputan el poder.

En Europa, después de ser contenidas las primeras manifestaciones del ascenso obrero en países como España, Italia, Portugal y sobre todo en Grecia, por la política de la socialdemocracia, el stalinismo, las burocracias sindicales, la izquierda reformista y centrista, que jugaron a la victoria de las burguesías de cada país, la clase trabajadora sigue dando muestras de combatividad con manifestaciones y luchas aisladas como en Grecia y España, mientras que en la capital de Bosnia y en otras ciudades hubo un importante alzamiento obrero y popular, que nos dicen que las batallas decisivas entre el gran capital y la clase trabajadora aún no se ha librado. En otros países como India, Bangladesh, Sudáfrica, China, la lucha contra el aumento de la explotación, la miseria y la desocupación que le imponen las burguesías locales, aliados del gran capital internacional  ha tenido importantes expresiones en trabajadores del sector textil-confección, del automotor, mineros y otros importantes contingentes obreros.

La polarización política provocada por la crisis ha fortalecido a frentes electorales reformistas, pero también y en algunos casos con más fuerza a grupos de extrema derecha o directamente nazi-fascistas, como el Tea Party en EE-UU, el Frente nacional de Marie Le Pen en Francia, “Amanecer Dorado” en Grecia, Svoboda (Libertad) y Pravy Sektor (Sector Derecho) en Ucrania, los que han llegado a ocupar ministerios en el nuevo gobierno proimperialista de Porotschenko.

La crisis, que ya se ha instalado definitivamente en América Latina, como en el resto del mundo, no será coyuntural, pasajera, ni superficial, está desnudando ante los trabajadores y las masas populares a los gobiernos que como el de Argentina se decían “nacionales y  populares”, o el de Venezuela con su falso “socialismo del Siglo XXI”, y al “progresismo” socialdemócrata de la “tercera vía” del PT.

El giro hacia un “ajuste” neoliberal ortodoxo que ha emprendido el gobierno de Cristina Kirchner fue elogiado –aunque con críticas parciales y exigencias de profundización- por los representantes de la burguesía argentina e imperialista como Rattazzi de la Fiat y Aranguren de la Shell. El acuerdo del gobierno con la gran burguesía argentina se basa en la rebaja de los salarios de la clase trabajadora frente a la inflación, y en la sumisión a los organismos de crédito imperialistas como el FMI y el Club de París. La fallida negociación con los fondos “buitres”, que el gobierno kirchnerista quiere utilizar a favor con una retórica de pretendida defensa de los intereses nacionales, fue un “accidente” en el desarrollo de su política proimperialista, como reiteradamente manifiesta CFK al considerarse “pagadora serial” de la deuda externa.

Por su parte el gobierno venezolano de Maduro (designado por Chávez como su heredero) está consolidando el acuerdo antiobrero con la oposición política (MUD) y las principales cámaras patronales (Fedecamaras y Empreven) para descargar la crisis sobre los trabajadores, organismos patronales que han saludado las medidas económicas del gobierno como los primeros pasos en una buena dirección. Por encima de los anuncios demagógicos que pretenden engañar a los trabajadores, las sucesivas devaluaciones del bolívar y la inflación desatada, que en el curso de los últimos 12 meses fue del 65 %, liquidan el poder adquisitivo de los salarios, mientras se mantiene el desabastecimiento de productos de consumo popular superior al 28%.  El descontento obrero y popular con el gobierno de Maduro va creciendo, pero ante la ausencia de un partido de trabajadores revolucionario que sea un polo de referencia para la clase obrera, ese descontento es capitalizado parcialmente por la oposición patronal, o no termina de romper con el chavismo. Enfrentar y derrotar el paquete económico de Maduro – Fedecámaras y la MUD es la tarea central de la clase obrera para lo cual tiene que reconstruir su unidad impulsando un Gran Congreso de Trabajadores con delegados electos desde las bases, que apruebe un programa clasista, verdaderamente socialista, y un plan de lucha que culmine en un PARO GENERAL que derrote el ajuste económico en curso y permita abrir cauces hacia un verdadero gobierno de los trabajadores sin patronos, generales, burócratas ni corruptos. El retardo en el cumplimiento de esta tarea le dará nuevas oportunidades a la burguesía fedecamarista y a la boliburguesía roja rojita de ir produciendo derrotas de mediana o gran importancia como la de Sidor, que le permitan acelerar la imposición de todo el paquete económico diseñado en las “Mesas de paz”, a cuya sombra dirige el imperialismo sus políticas de rescate de todo el mercado nacional, que hundan a los trabajadores y el pueblo en hambre y miseria y donde la represión jugará papeles cada vez más importantes.

En Argentina la ruptura con el kirchnerismo va mayoritariamente -aunque dispersa- hacia los partidos patronales de la oposición, pero una franja importante de 1,2 millones de trabajadores y jóvenes votaron por el FIT (PO-PTS-IS) en las pasadas elecciones. Sin embargo este frente integrado por tres partidos que se reivindican trotskistas se muestra incapaz de levantar una política adecuada a la situación que permita desarrollar la movilización de la clase trabajadora y la construcción de un Partido de Trabajadores independiente de todos los partidos de la burguesía que impulse y organice un frente único de todos los sectores de la vanguardia obrera clasista y antiburocrática en los sindicatos, revelando el carácter centrista de los mismos. La clase trabajadora está dispuesta a enfrentar el “ajuste” que está imponiendo el gobierno kirchnerista, como lo demostró con la huelga general de 17 días de los docentes de la provincia de Buenos Aires, y con el alto acatamiento al paro general del 10 de abril. Pero la burocracia sindical encabezada por Moyano, Barrionuevo y Micheli, que convocó al último paro del 28 de agosto, no logra una adhesión activa de la mayoría de la clase trabajadora que intuye que no pretenden desarrollar la lucha hasta derrotar el “ajuste”, y que sus intereses particulares están vinculados a los partidos patronales de la oposición. Estos partidos, aunque mantienen críticas parciales por razones electorales, apoyan la política antiobrera del gobierno, al igual que la mayoría de los grandes sectores patronales cuyos intereses representan. En la medida en que crezca la predisposición a la lucha de la clase trabajadora y para que ésta pueda avanzar contra el “ajuste” del gobierno, habrá que derrotar a todos los sectores de la burocracia sindical, tanto a la oficialista de Caló y Yaski, como a la opositora de Moyano-Barrionuevo-Micheli. Pero la derrota del plan del gobierno kirchnerista que es apoyado por la mayoría de la patronal, y la lucha por una salida obrera a la crisis no se puede limitar a la lucha sindical. Por eso la tarea fundamental que tiene planteada la vanguardia clasista es organizar un Partido de Trabajadores que levantando un programa obrero  revolucionario, movilice al conjunto de la clase obrera y a los sectores explotados y oprimidos del pueblo hasta conquistar un Gobierno de los Trabajadores, porque o la salida a la crisis la imponemos los trabajadores contra los capitalistas, o éstos nos hundirán en un pozo más hondo de miseria y desocupación.

La socialdemocracia, los partidos comunistas, el nacionalismo burgués, la nueva izquierda y la burocracia sindical

Las luchas que en todo el mundo libran la clase trabajadora y las masas populares se desarrollan entre avances y retrocesos, ante la ausencia o extrema debilidad de los partidos revolucionarios de la clase obrera. Esta debilidad, producto de las derrotas sufridas por la clase trabajadora en las últimas cuatro décadas, es la que le permite a los diversos partidos patronales, con la colaboración de las burocracias sindicales y la izquierda reformista y centrista, encausar las luchas dentro del marco del régimen burgués y mantener la ofensiva por imponer mayores grados de explotación contra las masas obreras y populares.

Los partidos socialdemócratas y laboristas, se han transformado en partidos directamente burgueses. Ya no mantienen lazos orgánicos con la clase obrera como ocurría durante el siglo pasado. Hasta han abandonado las vagas referencias programáticas al socialismo. La restauración del capitalismo en los ex-estados obreros les ha permitido reemplazar ese engaño por la fórmula no menos mentirosa de la “democracia participativa”. Uno tras otro, el laborismo de la “tercera vía” de Tony Blair/Milliband, el PSOE de Zapatero/Rubalcaba, el PS de Hollande, y el PASOK de Papandreu/Venizelos han demostrado claramente a la clase trabajadora que son incondicionales defensores de los intereses de las burguesías imperialistas. Lo mismo que en los países semicoloniales “emergentes” el CNA de Sudáfrica y el PT brasilero (principal representante del Foro de San Pablo y del Foro Social Mundial) reprimen duramente a los trabajadores para sostener los intereses de la gran burguesía capitalista ligada al imperialismo mundial.

Frente al desgaste político de los partidos socialdemócratas europeos han surgido nuevas  formaciones políticas pequeñoburguesas reformistas, como el Syriza griego y el Podemos en España, con un discurso que se ubica a la izquierda de estos, y que se suman a las ya preexistentes IU español, el Frente de Izquierda francés, La izquierda (Die Linke) alemana, o el Bloco de Esquerda portugués, para encausar electoralmente la polarización política que se va incubando en las masas trabajadoras.

La gran mayoría de los PC stalinistas hace años que se han “socialdemocratizado”, transformándose en organizaciones pequeñoburguesas, mientras sólo una pequeña minoría de ellos, como el KKE griego, mantiene todavía una estructura con base obrera, aunque igualmente al servicio de la burguesía “nacional”.

La burocracia castrista misma, que siempre ha sido una dirección pequeñoburguesa, siguiendo los pasos del stalinismo mundial, es la que encabeza la transformación de Cuba, que fue el primer estado obrero de América, en una Cuba capitalista, que está en vías de consolidar una nueva burguesía surgida del propio seno del PC, a contramano de la historia, en momentos en que el imperialismo atraviesa la peor crisis de los últimos 70 años, y cuando la clase trabajadora de América Latina está enfrentando en varios países los gobiernos que el castrismo se empeñó en hacer pasar como “progresistas” “populares” o “socialistas”.  Indudablemente, el desarrollo de la lucha de la clase trabajadora latinoamericana, que recién está en sus inicios, impactará en los obreros y los jóvenes cubanos, creando las condiciones, también en Cuba, para la construcción de una dirección obrera revolucionaria y socialista.

Un nacionalismo burgués senil reapareció de la mano del chavismo, y con la crisis capitalista se extendió a Argentina, Bolivia y Ecuador, para engañar a las masas trabajadoras y campesinas llevándolas a la vía muerta del falso “socialismo del siglo XXI”, el “capitalismo andino” o el “capitalismo serio con inclusión social”. Pero la crisis que lentamente se profundiza en América Latina, ha desgastado a la mayoría estos gobiernos, los que parcialmente desenmascarados ante las masas se acercan al fin de su ciclo político.

Todos estos partidos se han apoyado en la burocracia sindical, que ha resultado la gran barrera para desorganizar y desmovilizar a los trabajadores. Sectores de esta burocracia para no verse directamente enfrentada a sus bases, debe ceder de tiempo en tiempo a las presiones de la clase trabajadora y convocar a paros pacíficos, que sólo sirven para descomprimir la voluntad de lucha de la clase obrera y desmoralizarla. Otros directamente apelan a bandas de matones fascistas para reprimir al activismo obrero, mientras el aparato judicial del Estado burgués abre contra la vanguardia causas penales para limitar su actividad.

Las principales corrientes de la IV Internacional han cristalizado como reformistas y centristas

Los avances y las derrotas del proletariado mundial han marcado su historia. La fundación de la IV Internacional fue la última gran tarea de León Trotsky antes de su asesinato a manos de un agente stalinista. Tanto los avances teóricos, como la experiencia estratégica y táctica que los bolcheviques leninistas aportaron al marxismo extraídas de las enseñanzas de las luchas revolucionarias de las primeras décadas del siglo pasado, fueron su extraordinario legado.

La dirección de la IV Internacional que sobrevivió a las persecuciones del nazismo y el stalinismo, no logró orientarse en la nueva época de postguerra, en la cual la destrucción provocada por la guerra y el surgimiento del imperialismo yanky como hegemónico dio lugar a un boom económico, el stalinismo salió reforzado en la URSS, los países de Europa del Este se transformaron en estados obreros deformados, y la revolución encabezada por direcciones pequeñoburguesas campesinas y urbanas terminaban en la expropiación del capitalismo, mientras que en otros países semicoloniales surgía con fuerza el nacionalismo burgués.

La IV Internacional se dividió, se reunificó y se volvió a dividir en distintas tendencias, pero todas capitularon a algún sector de las direcciones burguesas o pequeñoburguesas que dirigían al movimiento de masas.

El proceso de restauración capitalista terminó por transformar a su corriente más importante el Secretariado Unificado (SU) y al Lambertismo en directamente reformistas, al abandonar formalmente la estrategia de la dictadura del proletariado y la construcción de un partido leninista.

Otras de las corrientes más importantes como la TSI, con presencia principalmente en Europa, mantiene un programa formalmente trotskista corrompido por las posiciones centristas y una práctica política de adaptación al régimen “democrático burgués”. Mientras la CMI (Ted Grant-Alan Woods) capitulaban abiertamente al laborismo inglés y al nacionalismo burgués en los países semicoloniales, la LIT y la UIT reivindican la herencia morenista de la revolución democrática, revisión oportunista y etapista de la revolución permanente. La CIT (en inglés CWI) por su parte, le capitula al imperialismo al hacer prevalecer en sus análisis el carácter del régimen político por encima del carácter imperialista o semicolonial de un país, y al admitir de hecho la política de los “dos estados” para Palestina e Israel.

Hace largo tiempo que estas corrientes han cristalizado en estas posiciones revisionistas, lo que determina que ya no son recuperables como tales para el marxismo revolucionario. Lo que no implica que en determinadas circunstancias puedan surgir de su seno tendencias de izquierda.

El comité de enlace CRS-ETO/PCO, como un paso en el reagrupamiento de los revolucionarios hacia la constitución de una nueva internacional

De la descomposición de estas corrientes principales se han derivado rupturas de una gran cantidad de grupos que pretendemos retomar el camino del marxismo revolucionario. Algunas no han podido romper totalmente con su herencia revisionista y repiten algunos de los viejos errores y capitulaciones de sus corrientes “madres”. Sin embargo mantenemos la expectativa que dadas las características del nuevo período abierto con la crisis imperialista, podamos confluir con las que se orienten hacia el marxismo, en un reagrupamiento revolucionario internacional. El mismo proceso objetivo impulsa a nuevos sectores de la vanguardia obrera a una búsqueda de una dirección política marxista revolucionaria. Se abren entonces nuevas posibilidades para la construcción de partidos obreros revolucionarios de vanguardia.

La construcción de partidos obreros revolucionarios en todos los países y de una Internacional obrera revolucionaria que igual que la III Internacional de Lenin y la IV Internacional de Trotsky, organice y dirija la lucha a nivel mundial, es una necesidad planteada con urgencia por toda la situación actual.

Por lo tanto la tarea más urgente de los núcleos y partidos que se reclaman marxistas  revolucionarios es impulsar un reagrupamiento internacional basado en la unidad programática, estratégica y metodológica expresados de manera clara en el método del programa fundacional de la IV Internacional, el Programa de Transición, que permita establecer la vinculación estrecha entre la vanguardia, los trabajadores y las masas pobres y oprimidas para desarrollar la lucha revolucionaria por el derrocamiento de la burguesía y la instauración de la dictadura del proletariado, es decir, gobiernos obreros revolucionarios que, acaudillando a  las masas oprimidas, avancen hacia el socialismo. En pos de ese objetivo es que constituimos el Comité de Enlace entre la Corriente Socialista Revolucionaria-El Topo Obrero (de Venezuela) y el Partido de la Causa Obrera (de Argentina).

La burguesía imperialista es poderosa: domina la economía, los estados y sus ejércitos. Pero el sistema económico-social que gobierna y sobre el cual asienta su poder está en bancarrota. Sus contradicciones internas van en aumento y amenazan con nuevos enfrentamientos interimperialistas, que de desarrollarse al máximo hundirán al mundo en la barbarie de guerras más sangrientas que las del siglo XX. La clase trabajadora es una clase internacional y por encima de las divisiones nacionales que nos impone la burguesía, somos hermanos con los mismos intereses, porque somos la clase que produce y la que sufre la explotación de todos los capitalistas. En el pasado hemos sido capaces de unirnos, luchar internacionalmente por las reivindicaciones que dieron origen a las gloriosas jornadas del 1° de mayo, y protagonizar el primer gran ensayo histórico de tomar el poder y construir el primer estado obrero en la URSS, luego degenerado por el stalinismo. Debemos retomar ese camino revolucionario, aprendiendo de las derrotas y errores del pasado, porque la alternativa histórica que nos plantea la decadencia del capitalismo de luchar por el socialismo o caer en la barbarie, hoy se está volviendo una realidad presente e ineludible. Llamamos a los trabajadores conscientes, a la juventud y a las mujeres explotadas y oprimidas, a tomar junto con nosotros la gran tarea de construir un nuevo partido mundial de la revolución socialista.

CSR-ETO/PCO

25/9/14

  

It's only fair to share...Share on Facebook0Share on Google+0Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn0